viernes, 19, agosto, 2022
Aerolineas

El Inprotur enumeró las alternativas con las que cuenta el área natural dentro de sus más de 4000 hectáreas. Avistaje de aves y cabalgatas son algunas de ellas.

Ansenuza es el nuevo parque nacional de Argentina. Ubicado en Córdoba, abarca gran parte de la laguna Mar Chiquita y los bañados del río Dulce. Es el tercero de la provincia y no sólo alberga los tres tipos de flamencos que se encuentran en Sudamérica, sino que además aloja el quinto lago salado más grande del mundo. A partir de su reciente creación (ver nota), el Instituto Nacional de Promoción Turística (Inprotur) desarrolló un listado con cinco experiencias durante una visita por la zona.

1. Avistaje de aves
Los flamencos son los preferidos para esta actividad, debido a su elegancia, que maravilla a los visitantes. En la laguna de Mar Chiquita (o Ansenuza) están tres de las seis especies que existen en el mundo: el flamenco austral, la parina grande y la parina chica. Los primeros han hecho del parque su hábitat y hoy son más de 300.000 los que residen en la zona.

Pero además de estas aves de color rosado, se pueden encontrar más de 350 especies en toda la laguna y los montes y bañados que la rodean el parque. De hecho, en la región de Ansenuza se pueden encontrar el 36 % de las aves argentinas y el 66 % de las aves migratorias y playeras registradas en el país.

Además, en las costas de la laguna conviven aves acuáticas como el cisne coscoroba, el tero real, la gaviota capucho café, el biguá, la garza blanca y muchísimas más.

2. Senderismo
Conocer a fondo las tierras que serán parte del parque y dejarse asombrar por su biodiversidad es un imperdible para quien lo visite. En lo que a sus paisajes respecta, hay islotes, humedales, entornos salinos, costas altas y bajas, y el reconocido bosque chaqueño.

Esta diversidad de ambientes implica una fauna de lo más variada. Es posible encontrar mamíferos, anfibios y reptiles de todo tipo. De hecho, también lo habitan especies en riesgo de extinción como la tortuga terrestre, el lobito de río y el aguará guazú.

3. Navegar las aguas del mar Ansenuza
Se trata del lago salado más grande de Sudamérica y el quinto en el mundo. Posee casi tres veces más concentración de sal que la que puede llegar a tener un océano. Incluso, son aguas que tienen propiedades medicinales. Navegarlas es una experiencia completamente envidiable. Además, uno de los puntos panorámicos más estratégicos para la famosa golden hour es desde arriba del agua.

4. Cabalgatas en La Paquita
No es novedad que el territorio cordobés es uno de los destinos más elegidos para disfrutar de los caballos. Y Ansenuza no es la excepción, especialmente el recorrido por la maravillosa localidad de La Paquita.

Se trata de un paseo rural de aproximadamente una hora y media que desemboca en la costa de la laguna de Mar Chiquita y durante el cual se pueden apreciar los paisajes agrestes, la fauna del monte y una enorme diversidad de aves. Es importante iniciar el recorrido bien temprano para deleitarse con el amanecer o bien tarde para disfrutar del atardecer.

5. Sobrevolar la zona
Recorrer el suelo cordobés siempre es una actividad cautivadora, pero conocerlo desde las alturas significa redoblar la apuesta y vivir una experiencia todavía más increíble. La ruta en avión, aunque se extiende por fuera de los límites del parque nacional, sobrevuela la localidad de Miramar (el centro turístico más desarrollado de la zona), además de la desembocadura de los ríos Primero (o Suquía) y Segundo (o Xanaes). Ambos ríos forman parte de la cuenca cerrada a la que pertenece el Mar de Ansenuza.

Desde arriba da la sensación de que la Laguna es inagotable, ya que aún desde el avión no se alcanza a ver el final. Además, al incluir la zona donde se alimentan muchas de las aves del Parque, se puede admirar cómo algunas de ellas dibujan en el cielo un espectáculo coordinado e hipnotizante.

Por último, para los fanáticos de la historia, el camino aéreo sobrevuela las ruinas del Gran Hotel Viena que junto a 100 hoteles más, sufrió las consecuencias de las crecidas de la laguna en 1997 y hoy se establece como el símbolo de un momento histórico.