jueves, 7, julio, 2022
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La ciudad entrerriana ya cuenta con cinco bodegas totalmente instaladas, que apuntan a potenciar la tradición familiar y el trabajo artesanal.  

Corresponsal en el Litoral

Con cinco bodegas instaladas en su ciudad, Paraná revive un producto que fue monopolizado por Cuyo, pero que comenzó a extenderse hacia otros territorios. En tal sentido, se pueden encontrar vinos y establecimientos de calidad que conservan el trabajo familiar y artesanal.

Una de estos emprendimientos es Finca Los Teros, que está emplazada en el acceso norte la ciudad. Mensajero pudo dialogar con Julia Lugrín, integrante de la bodega familiar, sobre su proyecto de trabajo enológico.

¿Cómo nació la idea de crear una bodega en la ciudad y que tipo de cepas trabajan?

– En 2004 nos mudamos a nuestra casa que había sido construida reciclando ciertos elementos como aberturas, tirantes y muebles.  El vivir en las afueras nos proponía diversas actividades para conectarnos con la tierra, los cultivos, las fabricaciones artesanales y en el uso de materiales nobles como la madera.  Comenzamos plantando diversos frutales, haciendo huerta y jardín.

Al hablar sobre los cultivos, explicó que la idea de producir vino los cautivó desde su inicio. Aunque, no conocían mucho más de la actividad que los relatos antiguos de familia que recordaban como los antepasados hacían su propio vino en la Colonia San José (saboyanos, valesanos  y piamonteses) y en  la Aldea  Santa María (alemanes del Volga). Las primeras plantas Chardonnay, Malbec y Syrah cuentan que las trajeron de Mendoza. 

“Las vides fueron creciendo y con ellas también nosotros fuimos aprendiendo a cuidarlas. El viñedo se vive en familia, a una escala humana. Se trabaja en él, pero también hay esparcimiento: juegos con los hijos, festejos de cumpleaños, paseos en triciclo, bicicleta y Ford T. Artesanalmente mi esposo restaura Ford T, convirtiendo viejas chapas olvidadas en algún galpón o dejadas tiradas en la intemperie en elegantes y nobles autos. Vehículos que van lo suficientemente despacio como para conjugarse y disfrutar del paisaje. Autos que hoy invitan a abuelos a relatar sus años mozos  a los nietos”, explica Lugrín.

A la fruta cosechada, le sigue el despalillado. Proceso que otorga tiempo a los mayores para rememorar anécdotas y mostrar a los pequeños como se realiza la actividad. Una vez que el mosto está en los tachos correspondientes, la alegría se desborda en sonrisas y es tiempo de compartir el pan y el vino en un almuerzo. 

¿Por qué el nombre de la bodega?

– En este lugar hay muchos teros, marcan su presencia. También ellos son muy defensores de su lugar, de su tierra y de sus pichones. Nosotros queremos defender nuestras raíces, nuestra tierra y también disfrutarla y trabajar en familia. Por eso elegimos el nombre, además de que es simple y sencillo.

 ¿Cuál es el volumen de producción y dónde se comercializa?

– Es muy difícil para nosotros estimar con precisión el volumen de producción, ya que cada añada es diferente.  Por un lado, las plantas van sumando años y al arraigarse se expresa mejor en la calidad de la fruta, pero también influye muchísimo el clima. En veranos lluviosos debemos ralear mucho los racimos para mantenerlos sanos. También, en los diferentes procesos de vinificación se va perdiendo volumen. A la fecha, diríamos que producimos un promedio de 3000 litros anuales.

La comercialización para nosotros es lo más complejo. Actualmente, vendemos nuestros productos en algunas ferias y principalmente en la Finca, en las visitas.

A medida que nos van conociendo, nos llaman y coordinamos si buscan el vino acá o si se los acercamos a su domicilio. 

También, muy de a poco, algunas vinotecas de la región y algunos negocios locales están ofreciendo nuestros productos.

¿Realizan visitas para turismo?

– La vitivinicultura no es nuestra actividad principal, debemos administrar nuestro tiempo entre nuestras profesiones, la crianza de los chicos y el vino (como le decimos nosotros). Por este motivo, la finca no está abierta al público todo el tiempo. Sí, programamos visitas dos o tres veces al mes. En ellas recorremos el viñedo, exponemos autos antiguos, visitamos la sala de elaboración. Y para terminar degustamos nuestros vinos acompañados de una pequeña tabla individual de maridaje criollo y una delicatessen dulce.

También preparamos estas visitas para grupos de amigos o familias o grupos de turistas. Generalmente, nos llaman y lo coordinamos con anticipación. Es nuestro deseo poder ofrecer más eventos y diversas actividades en la finca para vivir experiencias llenas de aromas, naturaleza, relax. Para ello estamos construyendo un espacio que nos permita combinar gastronomía, música, vino, etc.