sábado, 23, octubre, 2021
CubaOnLine

La recopilación de datos estadísticos aparece como la principal aliada para impulsar un segmento que ha crecido a pasos agigantados en Argentina.

En un país que tiene al vino entre sus principales productos gastronómicos y que cuenta con una población que le rinde culto en cualquier momento, lugar y contexto, convertir a esta bebida en un atractivo turístico e impulsar la actividad se transforma en una acción casi obligada. No es extraño que con el correr de los años se hayan sumado sitios dedicados a la vitivinicultura que comercializan recorridos para que los visitantes conozcan desde adentro la producción de este ícono de la cultura nacional.

A partir del largo proceso de inactividad en las bodegas argentinas, la necesidad de volver a los valores prepandémicos llevó a las autoridades nacionales a crear estrategias para conocer cuáles son las prioridades de los visitantes.

En pleno crecimiento

Hasta octubre de 2019 (momento en que se publicó el último informe del Observatorio de Enoturismo), la actividad en Argentina estaba en su mayor apogeo: las bodegas abiertas al turismo habían crecido un 23% en los cinco años previos y un 100% en la última década. En ese lapso, surgieron 245 establecimientos nuevos que realizaban circuitos turísticos, los cuales daban trabajo a 872 personas.

“Esta pandemia nos dejó prácticamente paralizados”, expresó Pablo Asens, vicepresidente de la Corporación Vitivinícola Argentina, en un diálogo con Mensajero. Así, detalló que cada uno de las bodegas argentinas tiene particularidades marcadas y un flujo de circulación diferencial. Mientras algunas cuentan con un mayor caudal de viajeros nacionales, otros ya tienen entre sus visitantes a los extranjeros. De esta manera, aclaró que en el segundo caso están comenzando a compensar el déficit de arribos internacionales con los locales que, luego del largo encierro, encuentran tentadora la opción de recorrer sitios al aire libre. “La pandemia nos está dando la revancha de poder mostrarle a los argentinos algo tan propio y arraigado a nuestras tradiciones como lo es el vino”, resaltó.

En ese sentido, en agosto, Yanina Martínez, secretaria de Promoción Turística de la Nación; y José Zuccardi, presidente de la Corporación Vitivinícola Argentina (Coviar), firmaron un convenio para la actualización del Plan de Marketing Argentina Tierra de Vinos, que tiene como finalidad impulsar el desarrollo del enoturismo (ver nota).

De esta manera, luego de no haber podido renovar la información en 2020, la intención es hacer un relevamiento a partir de este año, de manera tal que las más de 300 bodegas turísticas que se distribuyen en 18 provincias podrán contar con los datos actualizados e información sobre los turistas argentinos y sus preferencias de viajes para poder realizar campañas de promoción y adecuar la oferta de los destinos. “No nos quedan dudas de que los turistas van a ser muchos más que los que visitaron bodegas en 2019”, agregó Asens.

Asimismo, destacó que la idea es que el plan de marketing esté terminado para fines de noviembre o principios de diciembre; y, en el caso del Observatorio, empezar a tener los primeros datos en unos meses.

En acción

A partir de recibir los primeros resultados del Observatorio y en el marco del avance del plan de marketing, la corporación va a contar con la información necesaria para saber cómo llegar al consumidor y qué ofrecerle. “Hoy, ante esta necesidad de salir no se nos está haciendo difícil promocionar el turismo del vino, pero a futuro tendremos que hacerlo, sobre todo porque se han desarrollado bodegas en provincias como Santiago del Estero, Entre Ríos, Jujuy y Chubut”, precisó.

Asimismo, Asens, que además es propietario de Finca & Bodega La Abeja (Mendoza), especificó que a partir de esta nueva realidad de la industria a nivel mundial, la intención de recorrer ambientes relacionados con la naturaleza va a colaborar con la visita a las bodegas en los destinos emergentes para este segmento. “Así nos pasó en San Rafael cuando empezamos hace 20 años. Primordialmente la gente venía a hacer turismo de aventura y tímidamente aparecía el vino. Hoy es un elemento con peso propio, es decir, el visitante arma su viaje pensando que sí o sí tiene que pasar por una bodega”.

La importancia del enoturismo

El año pasado, Coviar llevó adelante una encuesta junto con el Inprotur y la cartera turística nacional que tuvo como objetivo conocer las preferencias del turista al momento de volver a viajar. Entre los resultados, la opción más buscada fue conocer bodegas y degustar, mientras que la segunda era vivir una experiencia gastronómica en estos recintos. “Eso apareció mucho más fuerte que en otras encuestas anteriores que tuvimos. Hace diez años, por ejemplo, hicimos otra para nueve de las grandes capitales del vino y el ítem gastronómico no estaba tan marcado como en este momento”, recordó.

El turismo, entre los objetivos del PEVI 2030.

Es por eso que, según sostuvo el empresario, el turismo del vino apareció en el Plan Vitivinícola Estratégico 2020 y en la actualización en 2030 como un eje por demás inclusivo dentro de los cuatro que se contemplan desde hace dos décadas, cuando se planteó la necesidad de promocionar el vino en los mercados interno y externo.

Por otro lado, el vicepresidente de Coviar destacó que el enoturismo colabora con la inclusión de los pequeños productores. “Pueden ofrecer sus productos en sus lugares de origen y tener una llegada directa al consumidor, porque hoy a muchas de las bodegas chicas no les es sencillo alcanzar los canales de distribución masivos”, agregó.

“El turismo del vino no es solamente ir a una bodega y degustar, sino que incluye todo lo que es la gastronomía alrededor de la misma: el alojamiento, las experiencias, las vivencias que tiene un visitante en el ámbito de una bodega, desde cabalgatas, colaborar con la cosecha, con la poda y hasta viajes en globo”, concluyó Asens.