martes, 20, abril, 2021

Muchas veces tildados como soñadores, demuestran que se puede apostar por un negocio sustentable desde lo económico y responsable con el entorno.

En abril de 2012 surgió Sistema B, un movimiento que tiene como bandera la ética y los valores, nada más y nada menos que en los negocios. Algo que a priori puede sonar contradictorio, pero no lo es. Múltiples empresas de todo el mundo son un ejemplo de que estos conceptos son absolutamente compatibles en la teoría y en la práctica.
Según la definición “oficial”, las empresas que certifican como B aspiran a una nueva genética económica que permita que los valores y la ética inspiren a soluciones colectivas sin olvidar, al mismo tiempo, necesidades particulares encontrando trascendencia, sentido y propósito.


Sistema B es una organización con presencia internacional y la certificación está a la altura de las normas más reconocidas a nivel mundial. Actualmente, en Latinoamérica son 659 empresas las que completaron satisfactoriamente el proceso, mientras que a nivel global ascienden a 3720.
A pesar de la pandemia, en 2020 se sumaron 29 Empresas B Certificadas y tres EB Pendientes para dar un total de 124 Empresas B Certificadas; además de cuatro EB Pendientes (esta condición dura solo un año, después certifican o lo pierden).
La certificación de Empresa B es entregada por B Lab, una entidad sin fines de lucro en Estados Unidos.

El rol del turismo
En Argentina, del sector son seis empresas las que lograron la certificación mientras que en América Latina ascienden a casi 40.
Más allá de que el proceso para demostrar que se puede cumplimentar es largo y por momentos tedioso, la mayoría coincide en que vale la pena y que incluso sirve para darse cuenta de que hay muchos procesos que ya tienen implementados, pero que no eran conscientes de su impacto.
“Sistema B te permite formalizar la evidencia. Te muestra cómo opera la empresa y esto fue lo que a nosotros nos llevó internamente a certificar y lo logramos porque había procesos que en la empresa ya los teníamos certificados”, explicó Bettina González, directora de Boomerang Viajes. Y agregó que la agencia nació hace 20 años y ya tenía como base ser una empresa con propósito.
Yendo al momento exacto en el que decidieron certificar, comentó que si bien ya venían con un modelo que se adecuaba a esta línea de trabajo, se dieron cuenta de que antes de subir otro nivel primero debían lograr un escalón previo aplicando a las directrices ambientales y normas IRAM: “Sistema B es el de mayor cantidad de herramientas en cuanto a este tipo de certificación y es muy bueno para la medición interna. Teníamos que demostrar el cuidado que tenemos en la selección de nuestros prestadores y operadores. Pero, además, a nivel interno era el contacto con nuestros trabajadores, con todo el equipo”.
Un camino similar es el que siguieron desde Volterra, concesionario del Parque Nacional Talampaya. Así lo detalló su director, Christian Brouwer de Koning: “En 2017 o 2018 nos enteramos de esta movida B. Cuando investigamos un poco nos dimos cuenta de que describía lo que nosotros veníamos haciendo desde hace 10 años. Teníamos ese espíritu de empresa B de triple impacto. Ya lo habíamos definido en 2009 como parte de nuestros objetivos. En ese momento certificamos ISO 9001 y 14001, fuimos el primer concesionario de parques nacionales en certificar las normas de calidad y medioambiente juntas. Además, aplicamos a las directrices de accesibilidad”. A su vez, resaltó que para ellos fue como una formalización de lo que creen que deben ser. “Tenemos que ser la mejor empresa para el mundo”, aseguró. 
Por su parte, Carlos Pelli, fundador y director de Wilderness Patagonia, detalló que comenzaron a evaluar el proceso entre noviembre y diciembre de 2019 y tenían en cartera llevarlo a cabo al cierre de la temporada alta, abril o mayo de 2020. El tema del corte de vuelos y la pandemia a partir del 16 de marzo hizo que empezaran a completar el proceso el 26 de marzo pasado y lo concluyeron el 26 de agosto, que es cuando les dieron la certificación. “Teníamos muchas acciones que estaban contempladas dentro de la evaluación del Sistema B. Estaban armadas o en proceso, pero no sistematizadas. Nos ayudó a poner en línea para producir y no tener todo suelto. Es una herramienta, como otras de normalización, que si se toman seriamente y se enfocan en la producción dan muy buenos resultados”, apuntó.

Carrera con obstáculos
Si bien todos resaltan la satisfacción que alcanzan al recibir la certificación también reconocen que el recorrido para llegar a la meta, por momentos, puede tener dificultades. En el caso de Volterra, su director analizó: “Muchas personas por poner un cesto de reciclado son amigables con el medio ambiente y la marketinean un montón. Nosotros criticamos mucho eso. Por eso apostamos por certificados internacionales que vengan y auditen. Que nos pongan la vara más alta”.
Al hablar sobre los inconvenientes, González resaltó que al tener una evaluación con formato estadounidense surgieron disparidades: “Por ejemplo, en Argentina a nivel mercado las agencias venden el aéreo, pero en Europa eso no pasa. Entonces ellos veían que nosotros tenemos un gran impacto en la huella de carbono, pero era un malentendido porque nosotros no somos la aerolínea, el que impacta es mi cliente”.

La mirada del sector
“Antes de la pandemia decir que vos hacías tal o cual cosa alcanzaba. Sentarte a completar la encuesta puede llevar muchas horas, entonces en Argentina algunos dicen que es lo mismo certificar o no. No encuentran diferencia, pero si algo demostró la pandemia es que el viajero es cada vez más filoso e investiga más y está menos dispuesto a que le vendan pescado podrido. No obstante muchos siguen eligiendo por el precio. Claramente los que estamos en camino de ser una empresa B no es solamente la parte monetaria la que nos motiva, sino que creemos en generar este impacto económico real, social y ambiental. También, el pasajero que se decide por una empresa B por sobre otra, es más allá del marketing, sino que es porque tiene esta conciencia despierta y va por ese lado”, analizó Pelli.
Christian Brouwer de Koning, por su parte, señaló que en un principio ellos querían contagiar a sus colegas, a los guardaparques, a la sociedad en su conjunto y “fue muy frustrante”. “Creo que aún no estamos preparados. Es una batalla que ya dejé”, afirmó.
Lo mismo le sucede a González: “Me ven como un bicho raro, una idealista. ‘Ahora no porque es caro’, me dicen. Nosotros hicimos una capacitación para alrededor de 50 agencias de España porque en Europa se habla de esto, y acá me dijeron que ahora no es momento. Hay un retraso tremendo, una deuda terrible en el tema de sostenibilidad y triple impacto. Porque esto no es una lavada de cara, sino un compromiso”, insistió.
Para cerrar, Pelli reconoció que sería bueno tener políticas públicas claras y beneficios puntuales. Por ejemplo, el Banco Galicia tiene una línea de crédito con una tasa preferencial para Empresas B, Mercado libre tiene 50% de la comisión si se vende a través de una empresa B. “Acá el ‘negocio’ es hacer crecer la torta, no una porción. Ser una empresa responsable trae muchos beneficios que los vamos a ver a mediano o largo plazo”, concluyó.