lunes, 19, abril, 2021

Según un informe elaborado por la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME), 22 millones de personas se movilizaron por todo el país.

En el marco de una temporada de verano atípica por el contexto de una pandemia que lleva un año golpeando al turismo a nivel internacional, la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME) exhibió un balance que muestra que la actividad en el país cayó un 28,9% con respecto al mismo período del año pasado. “Se hicieron viajes más cortos, cercanos y tomó mucha relevancia el turismo rural. Hubo picos sobre el final de enero y en el fin de semana de Carnaval, que entusiasma con tener una buena Semana Santa, que es el próximo fin de semana largo. Las provincias se movieron con mucho turismo lugareño, especialmente aquellos que habitualmente viajaban a Brasil, Chile o Uruguay. En lo gastronómico, la estrella del verano fueron las cervecerías artesanales”, detallaron.

Entre la segunda quincena de diciembre y fines de febrero, 22, 4 millones de turistas optaron por vacacionar en destinos locales y realizaron un gasto directo de $201.158 millones. Asimismo, a pesar de la considerable caída del turismo durante la temporada, en muchas ciudades los empresarios consultados marcaron que la temporada fue mala, pero esperaban algo peor”, según explicaron desde CAME.

Por otra parte, afirmaron que el verano fue de menor a mayor. Luego de que las autoridades de las distintas localidades del país tomaran los recaudos para resguardar la salud de sus habitantes, desde la primera quincena de enero la baja de casos activos de COVID-19 derivó en un incremento en el turismo con picos durante el último fin de semana de enero y el feriado de Carnaval.

“Algunos factores que salvaron parte de la temporada fue la imposibilidad de viajar al exterior, especialmente a Uruguay, y la necesidad de salir de viaje después de un año donde las escapadas de fin de semana estuvieron ausentes”, sostuvieron desde la confederación.

Por otro lado, el balance muestra que la estadía promedio bajó de 4,2 días (en la temporada estival de 2020) a 3,8 durante este año, dato que CAME consideró “esperable” debido al menor poder adquisitivo de la gente y los cuidados frente al virus.

“Lo que también cobró fuerza, fue el turismo rural, que finalizó la temporada con un balance positivo empujada por el distanciamiento social. El viajante pudo hacer periplos de cercanía, en grupos reducidos a lugares con naturaleza, y disfrutar de playas, caminatas, kayak, pesca deportiva sin amontonamiento de gente”, concluyeron desde CAME.