lunes, 3, agosto, 2020
CubaOnLine

Ariel Amoroso, presidente de AHRCC, pasó por «Charlas de turismo» y se refirió a la crítica situación del rubro hotelero-gastronómico. 

¿Cómo está atravesando la pandemia el sector hotelero-gastronómico?

-Estamos viviendo un momento de crisis nunca imaginado. Es un cisne negro para toda la sociedad, pero para el sector es realmente muy problemático. Tanto los hoteleros como los gastronómicos estamos cerrados desde el 20 de marzo y con un futuro bastante negro. Las cosas fueron escalando. Lamentablemente, en la parte hotelera, una semana antes del inicio de la cuarentena, se vio reflejada una caída del 100% en las reservas. Fue algo nunca visto. Con la gastronomía pasó algo parecido: bajaron las ventas y a partir de ahí vino un cierre definitivo que tiene al sector solamente trabajando con take away y delivery, que es algo ínfimo para nosotros. La estamos pasando realmente mal. Desde la institución queremos ver cómo salvar a todas las empresas que podamos. Se hace muy difícil. La lucha es muy dura y la cantidad de pedidos son enormes. Tratamos de hacer lo mejor que podemos para que la gente pueda abrir sus locales cuando pase la cuarentena.

¿A qué porcentaje de la facturación habitual se puede llegar solamente con las modalidades de delivery y take away?

-Hay muchos restaurantes que no están preparados para hacer eso. No tienen ni la cocina ni las instalaciones necesarias. Muchos colegas quisieron hacerlo y vieron que no tenía mucho sentido y que no era conveniente. Sólo lo pudieron implementar aquellos locales que ya estaban preparados para delivery, y así y todo las ventas cayeron enormemente. Eso no es más que un complemento de lo principal, que es el salón.

Encima si hacen delivery con las aplicaciones tienen un porcentaje que se les va en pago de comisiones.

-Las aplicaciones no están a la altura de las circunstancias. Pusieron un aumento especialmente para los que entraron en el momento de la pandemia y cobran una comisión de entre el 20 y el 35%. Además, estiraron los plazos de pago. Por ende, para el gastronómico no es un gran negocio vender por esas empresas. El momento y las circunstancias hacen que las tengamos que utilizar igual.

¿Tienen medido cuántas empresas gastronómicas ya cerraron sus puertas?

-Es muy difícil conocer eso, porque en este momento estamos con todos los establecimientos cerrados. No se sabe cuántos realmente volverán a levantar sus persianas. Si no lo explicitan, no se puede sacar ningún tipo de cálculo. Por lo que nosotros vemos, aproximadamente un 12% de las firmas gastronómicas de Capital Federal ya están cerradas definitivamente.

FEHGRA publicó un estudio que indica que un 65% de los hoteleros y un 75% de los gastronómicos prevé ir a quiebra en el corto plazo si esta situación se sostiene en el tiempo. ¿Qué números manejan ustedes?

-Lamentablemente son muy parecidos. Es una encuesta que se hizo en todo el país y CABA no escapa a eso.

¿Cómo ven la ley de emergencia turística y qué implicaría que se sancione?

-La ley de emergencia turística abarca básicamente todo. Nosotros planteamos algunos puntos que tienen que estar. Es fundamental que los tengan en cuenta. El PACIT indudablemente ayudará al sector y es muy positivo, pero no va a alcanzar. La ley quizá pueda sintetizar la ayuda para hoteleros y gastronómicos. Lo más importante en cuanto a esa medida es conseguir cierta previsibilidad para el futuro, aunque es muy difícil. Nadie puede saber cuál será el nivel de contagios ni qué profundidad tendrá la pandemia. Estamos completamente de acuerdo con las decisiones que tomó el presidente para preservar las vidas de nuestros compatriotas, pero tenemos que preguntarnos cómo hacer como sociedad para ayudar a las pymes y micropymes a cruzar el río y a que después tengan un horizonte. La mejor manera es que, quizá por ley, se establezcan los ATP al 75% y reducir el IVA a los gastronómicos, entre otras cosas. Ese es un reclamo de hace más de 25 años. No podemos pagar ese porcentaje bajo ningún concepto. Lamentablemente, por una cuestión u otra, se siguió sosteniendo. Ese impuesto se creó en Europa, que tiene un IVA general del 21%, pero del 10% para la gastronomía y hotelería, porque nosotros tenemos mano de obra intensiva y agregamos muchísimo valor a lo que compramos. Transformamos la materia prima en un plato. Entonces, alguna vez eso se tiene que discutir, y esta etapa en la que todo está en revisión podría ser un buen momento.

¿Creés que hay voluntad política de que salga una ley de ese tipo?

-Estoy convencido que sí. Nosotros creemos que el presidente entendió perfectamente la problemática de la industria y la profundidad del problema. Estamos un poco atrasados, algunas cuestiones tendrían que haberse definido antes. Lo que ocurre con este retraso a nivel gubernamental es que se genera una desazón en el empresariado, porque no es fácil ver a colegas de muchos años que cierran y quiebran. Eso es muy difícil como dirigentes. Ahora bien, ya sea por una ley del Congreso o por algo que esté manejando el Ministerio de Turismo y Deportes, pienso que tenemos buenas chances de que se entienda el problema y de que, a partir de allí, se busquen las soluciones adecuadas. El martes pasado nos reunimos con Lammens y le planteamos los puntos que consideramos que deben incluirse en esa ley.

Ariel Amoroso, en vivo por Instagram con Mensajero

¿Cuál es el principal reclamo que tienen hoy los empresarios del rubro?

-El tema de los ATP ayudó mucho. Indudablemente estamos necesitando más apoyo y de manera inmediata. El problema es que hay costos fijos que las espaldas financieras ya no pueden aguantar. No sabemos cuándo se abrirá la hotelería, y en el momento en que eso ocurra tendrá que pasar un tiempo hasta que haya un funcionamiento aceptable. Esas compañías no sólo necesitarán ATP y asistencia hasta la apertura, sino hasta seis meses o un año después para recomponerse y que las deudas no se hagan imposibles de pagar. Con la parte gastronómica pasa algo muy parecido a eso, ya que, por más que se puedan levantar las persianas de un día para el otro, habrá que trabajar con un distanciamiento de mesas que no nos dejará operar al 100% de la capacidad. Hay que avanzar fuertemente para que la gente no tenga tanto miedo de salir y reunirse. Por ende, también necesitaremos ayuda adicional para los bares, confiterías y restaurantes de la ciudad, como para alcanzar un funcionamiento relativamente normal. Un punto de equilibrio en la gastronomía es un 70% del total del salón. Si vamos a perder mesas y sillas, ese número no lo podremos conseguir. Por eso, habrá que trabajar muchísimo para el “día después”.

¿Quedaron conformes con el diseño del protocolo para el sector que publicó el Ministerio de Turismo y Deportes?

-Se discutió bastante y creo que es algo definitivamente positivo. Esa guía sirve a nivel nacional y luego cada provincia debe adherir. También hay que trabajar en el de la Ciudad de Buenos Aires, que será el que tenga valor para nosotros. El de Nación será un protocolo marco que servirá como referencia, pero nosotros nos tenemos que ceñir al de CABA.

En un momento se deslizó la posibilidad de que los restaurantes puedan usar espacios verdes de la ciudad para colocar mesas y trabajar ahí. ¿Ves viable esa opción?

-Estamos trabajando con el GCBA en eso y vamos bastante adelantados. No sólo hablamos de espacios verdes, sino también de la vía pública. Se está pensando en hacer dársenas o en tomar un espacio superior al que tenemos habilitado para tratar de compensar la pérdida de espacios físicos dentro de los salones. Se maneja la chance de directamente cerrar algunas calles y hacerlas peatonal o de sacar carriles de automóviles e implementar espacios para caminar, como ocurrió en un tramo de avenida Corrientes. De esta manera, se podría ampliar la oferta gastronómica.

¿Cuál es la estructura de costos que tiene que mantener actualmente un local gastronómico?

-Tenemos dos ejes o columnas vertebrales. Una es la parte edilicia del negocio y la otra es la de nuestros colaboradores o asistentes. Tenemos equipos de gente y eso cuesta mucho lograrlo. Una vez que lo tenés armado necesitás a todas las piezas. Venimos de años muy malos para la gastronomía, por lo cual los equipos son los justos y necesarios. No hay empresario que tenga gente de más. Por eso, necesitamos a cada trabajador que tenemos. En este momento estamos pagando un porcentaje del salario porque todos están suspendidos. En la mayoría de los casos está el ATP, aunque la otra parte del costo laboral la tiene que solventar el empresario. Aparte de eso están los servicios y el alquiler, más los impuestos que obviamente hay que pagar.

¿Cuál es la situación con respecto a las tarifas de servicios públicos?

-Nosotros tenemos potencia contratada y gracias al trabajo que se hizo desde AHRCC logramos que el ENRE emita resoluciones para permitir una reducción. Después hay que hablar con Edenor o Edesur y rescindir ese contrato para bajarlo. Así y todo, hay dificultades. Todavía no tuvimos suerte con el tema de AySA, que nos preocupa bastante. Con Metrogas se está trabajando relativamente bien.

¿Cuánto se avanzó en las charlas con el Gobierno nacional y cuánto falta?

Creo que hubo un avance muy importante en la reunión con el presidente. Todos los que participamos pudimos exponer la problemática del sector. Se avanzó con el tema de los ATP, pero creemos que nos falta cerrar una ayuda hasta que termine la cuarentena como para llegar al otro lado del río con la menor cantidad de empresas quebradas posible. Una vez que exista la posibilidad de abrir, queremos contar con un fuerte apoyo de Nación, de seis a doce meses, para avanzar y estabilizarnos. Recién ahí sabremos cómo vamos a estar parados. Hay que trabajar con el tema impositivo y pensar en un crédito a tasa muy blanda, porque para la reapertura de los hoteles tendremos que hacer una inversión para adecuarnos a los protocolos. En lo gastronómico ocurre lo mismo, con el agregado de que hay que volver a comprar los alimentos perecederos que se tiraron o donaron al momento del cierre. Solamente para empezar a trabajar se necesita dinero, más allá de las deudas que se generaron en estos meses.

¿Cómo marchan las negociaciones con el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires por la devolución de los saldos a favor del SIRCREB y por el pedido que hicieron para que les condonen ABL e Ingresos Brutos?

-Hay muchas empresas que se presentaron por el tema de la devolución de los saldos a favor del SIRCREB, pero aún no tuvimos una solución definitiva. Lo estamos trabajando. Todavía no vimos esa plata depositada en la cuenta de nuestros asociados. Por el lado del ABL, tomamos con beneplácito los dos meses que el GCBA le otorgó al sector. El nuestro, por ser uno de los más perjudicados, requiere un año de no pagar ese impuesto. Si no podemos trabajar no tiene mucho sentido abonar ese costo. En cuanto a Ingresos Brutos, pedimos que nos lo condonen durante seis meses, a partir de la apertura de los locales, para tratar de apoyar la vuelta al trabajo y que no tengamos más quiebras de las que podemos llegar a tener ahora.

¿Y qué respuesta tuvieron de parte del Gobierno?

-Estamos trabajando. Ellos también tienen sus problemas económicos. Les bajó mucho la recaudación. Lo que se logró es lo del ABL y seguimos avanzando por lo del SIRCREB.

Este año hay elecciones en AHRCC. ¿El estatuto permite que te vuelvas a presentar? ¿Pensás postularte de nuevo para ocupar la presidencia? 

-Me puedo volver a presentar. Generalmente, en nuestra institución tratamos de charlarlo entre todos para ver quién sigue. Es un momento complicado para todos e imagino que AHRCC seguirá siendo como siempre fue y buscará aunar todas las ideas y seguir atrás de un bien común.