viernes, 23, abril, 2021

Representantes de algunos destinos turísticos le contaron a Mensajero las medidas que toman para bregar por el bienestar de los jóvenes.

Durante las vacaciones de verano, muchos jóvenes optan por emprender un viaje con amigos. Disfrutar del aire libre durante el día y de los boliches hasta altas horas de la madrugada suponen una combinación por demás atractiva para un segmento que se caracteriza por tener una energía inagotable.

Es por eso que desde algunos destinos turísticos se ven en la obligación de reforzar la seguridad en torno a este segmento, en pos no solo de garantizar su bienestar, sino también de evitar desmanes propios de un grupo que siente la libertad de estar a kilómetros de la supervisión de sus padres.

Pinamar es uno de los destinos de la Costa Atlántica más elegidos por los jóvenes, sobre todo durante la segunda quincena de enero. Lucas Ventoso, secretario de Seguridad de la ciudad, comentó cómo se preparó el balneario para recibir a este particular grupo: “El año pasado hubo mucho disturbio. Rompieron vidrios y hubo peleas. Cuando hay mucha gente, alcohol y festejos, es habitual que termine así. Por eso reforzamos muchísimo con policías y percibimos una consecuencia lógica: no hubo ni un solo inconveniente”. Entre la playa y el centro, Pinamar cuenta con seis boliches, lo cual supone que los jóvenes realicen un circuito a pie para trasladarse de uno a otro. En la temporada veraniega, el área de conflicto se ve neutralizada por una gran presencia de efectivos policiales y de la guardia urbana.

“Además, desde las 4 hasta las 7 de la mañana tenemos un operativo táctico especial de la policía que custodia una conocida casa de comidas rápidas como si fuera un River – Boca. Es muy parecido a la Gendarmería. Ahí se reúnen entre 600 y mil chicos todas las noches después de los boliches”, agregó el funcionario.

Pero abogar por una ciudad segura no implica solo evitar disturbios en la vía pública, sino también interceder cuando el desorden se da puertas adentro, con las típicas previas. “Es una modalidad que no es nueva, pero sí la manera en la que se están haciendo. Cuando los vecinos hacen una denuncia por ruidos molestos, voy personalmente y hablo con los chicos. La segunda, tengo que hacer el parte y la tercera voy con la policía para proceder a la detención por desobediencia. Y terminan en la comisaría los pibes, con una causa penal. Estamos haciendo casi una prevención personalizada y los resultados están”, concluyó Ventoso.

Bariloche también se ubica entre los destinos más concurridos por los adolescentes, no solo por los característicos viajes de egresados,  sino también por la vida nocturna que la ciudad ofrece para las vacaciones de verano, emplazada en el escenario propio de los paisajes patagónicos. En ese marco, el turismo joven comienza a hacerse fuerte a principios de diciembre hasta la primera quincena de enero.

Víctor Alfaro, presidente de la Asociación de Turismo Joven de Bariloche (Ateba), comentó las medidas que toma la ciudad en términos de seguridad para recibir a este segmento: “Más allá de constantes capacitaciones de manejo, precaución y atención al adolescente, formamos a todo el personal afectado al contacto de los mismos, con protocolos de emergencia y protección individual en caso de posibles abusos y/o accidentes”.

Acerca de cómo la ciudad renueva las medidas de seguridad en torno del turismo adolescente, el directivo afirmó que “todos los años se refuerzan acciones y protocolos, tratamos de aggiornarnos según avanzan los jóvenes en sus gustos, actividades y actitudes. Esto implica trabajar en tareas de seguridad, prevención y control”.