martes, 24, noviembre, 2020
CubaOnLine

Gonzalo Robredo, presidente del Ente de Turismo porteño, dialogó en exclusiva con Mensajero tras su regreso al cargo. Analizó el porvenir de la ciudad en materia turística.

Tuviste que salir del Ente de Turismo porteño en abril, con una pandemia recién comenzando a raíz de aquella investigación sobre supuestas irregularidades en la contratación de hoteles para la internación de contagiados de COVID-19, y volvés en un momento crucial, en medio de la reapertura y luego de que la Justicia dictamine tu inocencia en esa causa. ¿Qué te genera este retorno?

-Tuvimos que salir al inicio de la pandemia a buscar hoteles para alojar a todos aquellos que tuvieron síntomas leves o que venían del exterior y debían hacer cuarentena. En 24 horas debimos contratar 2500 habitaciones, algo que terminó siendo clave para que se pudieran manejar los contagios en la ciudad y preservar a los porteños. Después pasó lo que todos sabemos. Fue un trago amargo porque habíamos gestionado esto al inicio de la pandemia. Aclarada toda la situación, esto permite que pueda volver al mismo cargo que dejé. Debo destacar que no es común en la política y es un gesto para resaltar. Es un acto de justicia, pero, además, políticamente hubo una decisión de que yo regrese al mismo puesto. Para mí es muy gratificante, porque, al margen de lo que tiene que ver con mi nombre y con dejar en claro que fue una actuación sin ninguna irregularidad, muchos de los hoteleros que aportaron sus establecimientos lo hicieron más allá de los 1000 pesos por noche. Todos sabemos que ese no es un beneficio jugoso. Muchos lo hicieron para preservar a los porteños de la pandemia y eso es importante destacarlo.

¿Cómo ves el panorama actual de la actividad?

-Fue un golpe tremendo porque veníamos de lograr el récord histórico de turismo internacional en la Ciudad de Buenos Aires. El turismo venía creciendo exponencialmente y prácticamente al doble que el resto de las actividades económicas en el mundo. De repente llegó este parate brutal, que generó la crisis más fuerte desde que esta industria empezó a ser una actividad importante en el mundo, en la década de 1950. Para todos los que tenemos vocación pública, el poder ayudar a un destino como Buenos Aires a recuperarse es un gran desafío. Es un momento histórico.

¿Tienen alguna medición de cómo está resultando la apertura para que los visitantes de países limítrofes viajen a la Ciudad de Buenos Aires?

-Recién llevamos poco más de dos semanas y no tenemos números, pero sabemos que el mercado brasileño estaba muy interesado y pidiendo mucha información a las agencias de viajes. Además, hay aerolíneas como Gol y Azul queriendo aumentar frecuencias con Buenos Aires como consecuencia de esta demanda. Sólo Brasil representa el 25% de los turistas internacionales totales que recibe la ciudad y el 40% de los pasajeros limítrofes. Es decir que esta primera prueba es muy representativa en cuanto a volumen, y para el mercado brasileño el tipo de cambio es determinante, por lo que están muy interesados en volver a consumir los productos turísticos de Buenos Aires porque saben que están a un precio mucho menor.

¿Esta condición de que los turistas sean sólo de países limítrofes se mantendrá durante toda la temporada o la idea es ampliarlo luego a algo más regional?

-Es una primera etapa con un tamaño muestral muy significativo, así que generará una idea muy representativa de cuál es la demanda y la capacidad de la oferta de responder. Creo que es realmente importante como prueba inicial de parte del Gobierno nacional. Nosotros vamos a hacer operativos de testeos para tener una idea de cuál es la amenaza que esto puede generar sobre los porteños, dado que en los países limítrofes aún hay COVID en curso.

Además, si hoy hay un país que en este momento puede apostarle al receptivo es Argentina, con la ventaja competitiva que ofrece a los extranjeros por el tipo de cambio.

-Es un aliciente muy importante porque los países limítrofes siempre estamos muy pendientes de las ventajas que puede ofrecer el tipo de cambio. Realmente creo que esto es algo que generará mucho movimiento de entrada, por lo menos cerca de la temporada de verano.

¿Hoy un pasajero proveniente de un país limítrofe puede circular por la ciudad al igual que cualquier habitante de Buenos Aires? ¿Podría utilizar el bus turístico, por ejemplo?

-Tiene abiertos los mismos servicios y con los mismos protocolos que cualquier ciudadano porteño. El bus turístico se habilitó por normativa, pero así como algunos hoteles están funcionando y otros no por una cuestión de oferta y demanda, estamos en conversaciones con los operadores del bus para llegar a un acuerdo por el cual la demanda actual le justifique tener una cierta cantidad de vehículos y frecuencias. No debe haber otro caso en la historia en el que la oferta y la demanda hayan pasado a cero. Entonces, cuando querés construir nuevamente, los primeros pasos son especialmente complicados porque se genera la situación del huevo y la gallina: la oferta no reacciona hasta no ver qué pasa con la demanda, mientras que esta última quiere entender cuál es la oferta disponible. Estamos en un momento en el que habrá que dialogar para que esto sea en beneficio de todos.

Gonzalo Robredo

¿Tienen algún plazo estipulado para abrirse al turismo nacional?

-Buenos Aires es un destino turístico urbano con atractivo a nivel nacional y mundial, pero para los argentinos hay muchísimos familiares y amigos que están en la ciudad, y por las restricciones de la cuarentena no se han podido ver. Por eso hay una enorme demanda de venir a visitar amigos y parientes. La idea es abrir al turismo nacional, cuidando mucho y haciendo una evaluación muy responsable de cuáles son los riesgos y las amenazas para los porteños. Otras provincias también medirán el impacto que tendrá que la gente de Buenos Aires vaya a la Costa, a Bariloche, a la Patagonia o a distintos destinos. Esto se hará con cautela y prudencia y con todas las medidas sanitarias para minimizar las amenazas.

¿Habrá algún tipo de control con respecto a la cantidad de visitantes que ingresarán a la ciudad?

-Eso todavía está en estudio. En los próximos días habrá conclusiones al respecto y se contarán cuáles serán las medidas en caso de que se abra.

Una de las mayores preocupaciones que se ven hoy en el mercado es la falta de criterios unificados en todo el país sobre los requisitos para el ingreso de pasajeros. ¿Se está abordando el tema en el Consejo Federal de Turismo?

-Esto no sólo es una realidad a nivel país, sino a nivel mundial. Es una cuenta pendiente. Una de las cosas que me llama la atención es que no se haya producido un acuerdo entre las naciones y entre la Organización Mundial de la Salud y la Organización Mundial de Turismo sobre cuáles son los protocolos comunes para minimizar la incertidumbre. Al no existir esos acuerdos a nivel mundial, es lógico que tampoco haya a nivel nacional porque cada distrito quiere mantener su soberanía de preservar sanitariamente a su población.

En el marco de las ventas para el verano durante el plan Previaje, la Ciudad de Buenos Aires se ubicó como el segundo destino a nivel nacional detrás de Bariloche. ¿Hoy está preparada la ciudad para recibir a una importante cantidad de turistas? ¿Cómo se hace desde la gestión para equilibrar los cuidados sanitarios con la posibilidad de que la gente circule y pasee por el destino?

-Creo que la ciudad está especialmente preparada y hasta diría mejor que cualquier otro destino, porque el inicio de la pandemia en Argentina se dio en Buenos Aires. Los porteños incorporamos de manera espontánea la cultura de comportamiento y lo que tiene que ver con protocolos, como el distanciamiento, la higiene y la manera de interactuar en espacios cerrados y públicos. Yo diría que debemos tener uno de los mayores niveles de concientización e incorporación de pautas a nivel nacional. Buenos Aires será de las ciudades más seguras para visitar. Por más que suene contraintuitivo, creo que en temporada será uno de los destinos más seguros.

Los restaurantes de la ciudad ya están abiertos, ¿pero qué pasará durante la temporada con los otros integrantes de la cadena de valor del entretenimiento que están vinculados al turismo, como teatros y museos?

-Los teatros están empezando con los protocolos de streaming. Lo mismo ocurre con el turismo de reuniones para que pueda haber congresos y conferencias, pero no todavía con aforos. Hay una enorme precaución con todo lo que tenga que ver con espacios cerrados. Justamente una de las responsabilidades del ente es concientizar y divulgar a quienes definen los protocolos en el Ministerio de Salud cuáles son las características de cada uno de los sectores del turismo. Por ejemplo, el MICE es uno de los que hoy tiene más restricciones, pero ofrece espacios grandes, en donde se pueden hacer aforos muy seguros, con muy buenos sistemas de mecánicas y ventilación, techos altos y con participantes sentados y quietos. Esas son las próximas cuentas pendientes que tenemos para ir liberando. Veo que cada vez hay mayor concientización.

¿Hay que repensar la oferta turística de Buenos Aires y de las grandes ciudades para los meses que vienen?

-Es la pregunta del millón. Aunque parezca contraintuitivo, será súper interesante ver qué pasa después de un parate en el que oferta y demanda pasan a cero. Cuando las personas vuelvan a tomar la decisión de viajar y a elegir qué porcentaje de su presupuesto le asigna a turismo, van a repensar qué es lo que los motiva a viajar. Ahí estará la clave que va a redefinir la demanda y también la oferta. Tenemos que estar muy atentos desde lo sociológico y antropológico para ver cómo la gente se replantea los viajes. Porque aunque venga la vacuna y nos libere de los prejuicios sanitarios para viajar, nos vamos a cuestionar todo: cómo vivimos, cómo consumimos, cómo nos relacionamos, cómo trabajamos y cómo viajamos. Uno de los desafíos más grandes será entender al nuevo turista. El que existía pre pandemia hoy va a repensar todo y los actores de la industria tenemos que estar súper atentos.

Imagino que a partir de eso tendrán que rediseñar la estrategia de captación de mercados. ¿Habrá que poner la lupa en otro lugar o en otro tipo de pasajeros?

-Creo que hay tendencias que uno veía al principio que se están validando, como el turismo de naturaleza o el que nos saque del encierro urbano. Eso está pasando en Europa y Estados Unidos y también en Argentina cuando uno mira las encuestas. Sin embargo, Buenos Aires sigue siendo el segundo destino a nivel nacional y permanece como un atractivo fascinante para cualquier viajero. Un destino urbano sigue siendo algo aspiracional, no sólo porque tenemos familiares o amigos, sino por todos los servicios que ofrece una ciudad.

¿Se puede hacer una proyección con respecto a cuánto demorará la ciudad en recuperar un porcentaje importante de los turistas que tenía en 2019?

-Me parece que todo es aventurarse y sería hacer una proyección sin ningún fundamento sólido. Para entender un poco lo que pasa hay que ver lo que ocurrió en Nueva York después del atentado a las Torres Gemelas. El parate fue abrupto y la recuperación también. Por eso, creo que con la vacuna habrá una recuperación abrupta, condicionada por el hecho de que hay un menor ingreso a nivel mundial. Estimo que post vacuna se producirá una recuperación rápida, no sé a qué porcentaje ni cuánto demoraremos en volver al 100%, pero entiendo que esto será una V corta. Lo interesante no es tanto concentrarse en el volumen o en la rapidez, sino en el cómo, en qué productos y en cómo se vuelven a redistribuir el presupuesto y el consumo turístico en los distintos servicios. El que entienda primero eso liderará la recuperación.

Ahora que estamos en un momento más aperturista, ¿se empezarán a reducir las asistencias económicas al sector privado?

-La asistencia del Estado nacional es algo que no nos compete, pero sí tiene la capacidad de administrar un presupuesto con déficit fiscal que tiene sentido extremarlo en una situación de crisis sanitaria como la que vive Argentina. Esto generó una buena política de Nación de dar un soporte económico lo más agresivo posible a trabajadores y empresas. La Ciudad de Buenos Aires, por haber tenido restricciones presupuestarias de la coparticipación, más la baja de la recaudación y sin capacidad de generar ingresos por emisión, restringió muchísimo las posibilidades de una ayuda económica concreta. Sin embargo, la brindó con las exenciones de ABL y de Ingresos Brutos, y seguirá extremando, en la medida de lo posible, el apoyo financiero a los distintos sectores más afectados por la pandemia, entre los que sin dudas está el turismo.